Película estadounidense de 2000, dirigida por Mimi Leder.

Otra de niños, ¡cómo no!, pero esta vez para poner de manifiesto la inocencia en su mirada, su sensibilidad y ese sentido tan especial y genial para entender el mundo.

El protagonista, tiene que hacer un trabajo de clase, su nuevo profesor verá algo especial en él y “la cadena de favores” cambiará sus vidas.

En un mundo dominado por la competición, el individualismo y la soledad, esta película nos recuerda, a través de la mirada de un niño, que los de al lado también son personas.

La realidad la construimos nosotros, y por tanto entre todos podemos hacer que algunas cosas cambien.